
México.- Las peleas de boxeo, como todo, tienen grados de dificultad, y cada resultado conseguido debe ser examinado para poder hacer un juicio razonable. Fíjense ustedes, queridos amigos, que en ocasiones una derrota honrosa puede ser más valiosa que un triunfo sin sustancia. Si alguien piensa que exagero, que recuerde al Macho Camacho creciendo como boxeador al perder con Julio César Chávez. Perdió, pero fuemás respetado después de la pelea que antes.
Ahora nos ocupa el paso de Moisés Fuentes por Filipinas, donde empató con Donnie Nietes en disputa del título minimosca, el sábado. ¿Éxito o fracaso? Un empate de visitante en una pelea con tantas cosas en juego no es un mal resultado, pero no es el resultado que se fue a buscar. En un boxeador con poquísima experiencia o -en el otro extremo--en otro que se está yendo de la actividad, este no perder gracias a un empate es para conformarse y para celebrar, pero Moisés no se ubica en ninguno de esos dos presupuestos. Él está en desarrollo, va creciendo y sembrando futuros. Fue a pelear, a ganar, no a cobrar.
Que no le haya alcanzado para la victoria, dado que el empate decidido por los jueces me parece justo, puede entenderse, pero no debe conformar. Cuando la ambición se achica la vida se detiene.
Yo no comparto la mentira de que en Oriente no se gana si no se noquea, y esta pelea es una demostración -una más- de lo que afirmo. Con ganar un round más de los que ganó, Moisés se traía el título. En Oriente ganaron por decisión en peleas titulares los mexicanos José Becerra, Rodolfo Martínez, Miguel Canto, Ricardo Arredondo, Gilberto Román, Ricardo López, el Gusano Rojas y Hugo Fidel Cazares, por citar algunos, porque hay más. A Moisés Fuentes le faltó un poco. Es seguro que quiso producirlo, pero no pudo, y se quedó a una distancia exigua del objetivo cuando el objetivo estaba a la vista.
Mi confianza en Moisés era mucha antes de la pelea, porque sin ser un inmortal del boxeo (tampoco lo es Donnie Nietes, claro) tiene en cambio un acendrado carácter, algo que muchas veces lleva al triunfo. Lo ha mostrado varias veces y lo confirmó cuando fue a Puerto Rico y retiró a Iván Calderón. Me pueden decir que a Calderón lo retiraron el tiempo y la vida. Sí, se los concedo, pero hay que tener determinación y personalidad para ir a la isla, pararse frente a la leyenda y pegarle como a un sparring en el gimnasio. Moisés Fuentes lo hizo.
Ahora en Cebú City las cosas fueron algo diferentes. Arranca muy mal el Moi regalando iniciativa y golpeo franco al local durante los primeros seis minutos de pelea, y no sólo regala tiempo sino que ofrece el rostro a los golpes en lugar de blindar su defensa como corresponde a un peleador de su jerarquía. Los errores se pagan, como es muy sabido, y tan alto fue el precio por el dislate que ahí sacrificó, en el altar de la estulticia, la posibilidad de ganar.
Después creció con la pelea, hizo un buen esfuerzo por ganar rounds siendo precavido y conservador, arriesgando casi nada, tratando de asegurar los puntos que presumiblemente iba sumando. Lo ayudó el espíritu mudable de Donnie Nietes que en algunos pasajes se ausentó del combate incurriendo en sus propios yerros, muy notorios, que compensaron el inicio ingenuo y desobligado de Moisés.
Puedo señalar como carencias principales la falta de consistencia en la lucha, ese pelear con continuidad y sin lagunas que siempre predico como imprescindible, y que Fuentes no tuvo; y la falta de una defensa estructurada para saber qué hacer -hacer algo, no quedarse impertérrito--cuando el de enfrente ataca. Para colmo, como su biotipo es el de un hombre larguirucho de apariencia frágil, cada vez que Nietes le llegaba con impactos a la cabeza la azotaba de tal manera que transmitía la impresión de que el daño causado era mucho mayor que el que el nuestro era capaz de infligir.
Sin embargo, el pecado mayor fue la falta de grandeza para provocar la guerra total cuando fue necesaria. Hacer la diferencia y patentarla. Arrebatar la victoria en los intersticios del intercambio para forzar la anotación de los jueces en los rounds cerrados. En los tres minutos finales Moi especulaba, ya resignado, ya conforme. Con la mente cerrada no puede haber puertas abiertas. Moisés Fuentes fue egoísta consigo mismo. La actitud del triunfador no es ésta, es la del que con sus ojos sólo ve la cumbre o el precipicio, y se decide por la cumbre, y la escala, y la vence, con pasos doloridos, uno a uno, hasta el final.
A una pelea decisiva (y a todas) hay que ir con un plan perfectamente diseñado, que nos permita usar nuestras mejores armas. Tarzán no pasó por ningún gimnasio, pero sabía boxear como asunto de supervivencia. Usaba en su beneficio lo mejor que tenía. Cualquiera vio a Johnny Weissmuller personificando al primitivo habitante de la selva que combatía con gorilas. Si hubo otro Tarzán incapaz de sacar partido de sus habilidades, no lo conocimos, porque pereció. Quiero decir que en el camino se gana para seguir o se claudica y se pierde. No podemos no hacer lo que nos va a salvar de la catástrofe. Nos devora el gorila. Tan claro, tan sencillo, tan entendible. A Donnie Nietes se le gana con presión. Hay otros boxeadores que cuando hay presión se crecen, como Margarito, como Márquez, como Erik Morales, como Marco Antonio Barrera, como Manny Pacquiao. Otros, como Nietes, no pueden con la metralla, interrumpen su ataque y se repliegan. Había que saberlo desde antes, Moisés, y trabajar con persistencia. Hay que contar los golpes que tira un peleador cuando está entrenando. Si está habituado a sesenta disparos por round, se trabaja varias semanas para que aumente el diez por ciento, después se trabaja varios meses para que aumente otro diez. No es lo mismo tirar sesenta golpes que tirar setenta y tres.
Es indudable que un boxeador es muchas cosas, fuerza y músculo, sí, pero también emociones. A los 27 años de edad, con una carrera corta como la suya, con poco desgaste, con mucho talento, con un carácter que le pertenece porque no se compra en ninguna parte, es bastante más lo que nos puede dar en los próximos años. El tiempo no sobra pero es suficiente. Seguramente Jorge Barrera tiene buena conciencia del estado de cosas y entonces sólo falta que Moisés Fuentes quiera. Quiera pero en serio, como cuando una decisión se toma y se compromete la vida para llevarla a puerto.