
Miami.- La estatura y el alcance son ventajas físicas en el boxeo; la pegada, una condición natural del individuo que complementa, pero no decide la grandeza pugilística: un gran boxeador puede ser un buen pegador, o no...
En el boxeo nunca se utilizó el concepto inteligencia para explicar las reacciones naturales que hacen a un boxeador más astuto que a otro, sino los términos 'instinto e intuición'.
Si un peleador es rápido y se mueve con soltura al ejecutar los pasos que lo pondrán a salvo de los golpes contrarios, como la esquiva de torso o 'wavings', o los 'side steps' o pasillos laterales, deberá ser capaz de poder utilizar los huecos abiertos que dejó en su defensa el oponente, al hacerlo fallar, para colocar los de él y eso se llama riposta. Caminar el ring, el jab, forman parte del caudal técnico necesario para poder considerarse un gran boxeador.
La intuición es la chispa que hace que un púgil sepa lo que tiene que hacer, desde retroceder hasta pasar a la ofensiva y, sobre todo, si un contrario está lastimado, reconocer el momento preciso para rematarlo.
El instinto es una reacción animal que hace que un peleador, noqueado de pie, continúe tirando, o que se cubra cuando pone una rodilla en el piso y, el que lo castigó, se acerque a pegarle en condición de inferioridad absoluta.
Con la voz de "segundos afuera", cualquier boxeador queda en la más absoluta orfandad en el desarrollo del 'round': nadie estará ahí para decirle qué hacer para evitar ese golpe que le entra, lo molesta y le lastima con facilidad.
Los grandes boxeadores de la historia son grandes, entre otros detalles, porque, por intuición, saben qué hacer en cada momento del pleito.
La cartilla del principiante incluye clases como: al zurdo no se le debe quitar la derecha recta nunca; o un zurdo no debe hacer la pelea pegado a las sogas porque se anula; sin embargo, su intuición dirá la última palabra.
'Sugar' Ray Robinson es la máxima expresión científica del boxeo, porque cumplía a cabalidad el plan que se trazaba previo al combate; pero su técnica y sus condiciones naturales se lo permitían: movimientos milimétricos exactamente calculados para defenderse y para atacar, velocidad, jab y esquiva perfectos y, como si fuera poco, la capacidad de revertir, como hizo contra Gavilán en su segunda pelea, una situación de completamente a la defensa bajo una lluvia de golpes, a otra en que puso en plano de marcha atrás absoluta en busca de refugio al camagüeyano.
Robinson también fue uno de los pocos y verdaderos boxeadores de 3 distancias que reconoce la cátedra. Además, asimilaba lo suficiente; pegaba con capacidad homicida (mató a Jimmy Doyle en junio de 1947) y nadie fue más elegante sobre el ring.
Muchísimos boxeadores han sido altos para su división, con más alcance que la mayoría de contrarios que enfrentaron y hasta con 'nocao punch'; pero no son grandes boxeadores. Eso no es suficiente.
Ahora, desoír al 'second' sobre el plan trazado, tampoco, porque un gran boxeador es la suma de todo lo técnico-táctico y la intuición se encargará de relacionarlo al fragor del combate; el propio Robinson apostaba a su instinto y fue un secreto a voces que George Gainford, su 'trainer', no intervenía en lo que el Profesor elucubraba por sí solo en la banqueta.
Ricardo Mayorga nunca pudiera ser grande porque pegue, porque sea más alto, porque alcance más y porque oiga a su esquina.
De boxeador no tiene ni la b, por su escasez de técnica y por la total ausencia de la intuición que requiere el que pretenda ser, no grande, sino bueno.
Sencillamente, además de no saber boxear, es demasiado bruto como para pedirle que adivine que, esa derecha que preparó Tito Trinidad, es para él y viene, con malas intenciones, directo a su mandíbula y porque no es capaz de hacer valer su instinto de conservación ante el peligro inminente por golpe peligroso.