
México.- Del alto edificio del hotel Riu, en Guadalajara, bajaba yo en un elevador con Julio César Chávez, cuando en un piso subió un señor con dos niños de unos 8 y 10 años. El individuo contuvo el aire al ver a su lado al campeón y con balbuciente emoción dijo a sus pequeños: "¡Miren quién está aquí! ¡Este es el gran campeón, el más grande de México! ¡Saluden! ¡Saluden!" Los críos impertérritos miraban al más anónimo de los mortales. Ni una vaga idea tenían de quién era tan augusto personaje.Julio moría de risa. Quería contárselos. Apurémonos a vivir, porque la vida pasa.
Fuimos a ver al Títere Vázquez, que defendió bien su título mundial de peso ligero, aunque divide opiniones, más que el Junior y que el Canelo. Su boxeo no se entiende. Para mí lo que sucede con él es sintomático de la época que vive el boxeo. Vi emocionado el último round de su pelea con Ameth Díaz, gozando cada uno de sus movimientos, mientras un sector del público lo abucheaba. ¿Qué pasa con Miguel? ¿La gente no lo entiende? ¿No gusta a algunos? ¿No gusta a muchos? ¿No gusta a nadie?
Vázquez tiene un estilo propio, no se parece a nada conocido. Es un moderno intocable al estilo de "El Intocable"original Nicolino Locche, el fabuloso argentino de una defensa que jamás volvió a ver el boxeo, de quien sus rivales sabían que estaba enfrente pero no sabían por qué conectarlo era imposible (véanlo en youtube). Pasa algo similar con Miguel Vázquez que no se corresponde con el prototipo de un boxeador mexicano estándar, porque él se defiende, boxea, hace de su producción un arte, mientras algunos lo miran sin ver. Aclaro que no es imitador de Locche -probablemente no lo conoce-, ni siquiera parecido, porque Locche lo hacía con la cabeza y con la cintura, y el Títere lo hace con las piernas, pero han logrado lo mismo, momificar al enemigo sobre el ring.
Mala época para el boxeo si la gente sólo quiere sangre y guamazos al por mayor sin repensar que eso es nada más que lo básico en el boxeo, y lo bueno es lo que a partir de ahí se puede elaborar, crear, a modo de agregar talento humano a lo primitivo de arrojar golpes sin ton ni son . Bien lo dice el Travieso Arce: "Yo sé que la sangre es buen negocio y tengo suerte porque me corto fácil".
En México se transmitió boxeo por televisión durante cincuenta años (por Televisa) y entonces era una sola señal. Veías eso o no veías nada. Por lo tanto se podían apreciar todos los estilos, que por gran bendición tiene el boxeo. Hoy hay varias señales hebdomadarias, a veces hasta cinco, y está perfectamente medido que las mayorías sintonizan lo que más se parezca a una carnicería. Las estaciones de televisión miden esa inmundicia que se llama rating y se ven obligadas a sacrificar la calidad de una buena transmisión por lo que aman los patrocinadores que es ganar en número de televidentes (entiéndase consumidores, clientes).
Esto no es bueno ni malo, es inevitable. Sin entender la inspiración comercial del tinglado enorme que lleva el pugilato a nuestras casas, no es posible hablar del tema. Porque sin dinero no hay funciones televisadas. Está bien, lo entiendo. Pero de la venta de publicidad que se encarguen los vendedores de avisos, de la Cheyenne apá y que le den justo al blanco. Yo me ocupo de lo mío lo mejor que puedo, y hoy no oculto mi fastidio porque sólo se cotice alto el boxeo bárbaro, agreste, sanguinario.
FRANCISCO
24-Ene-2012 17:15 Hrs
FRANCISCO
25-Ene-2012 13:41 Hrs