México.- La noticia de que las arenas Coliseo y México, santuarios del boxeo en esta capital, permanecerán en pie y que sus instalaciones alojarán más funciones de boxeo -y de lucha libre-, seguramente complacerá a legiones de aficionados de aquí, allá y todas partes.
Cuando circuló el rumor de que el escenario de Perú 77 sería derrumbado para ceder paso a una enorme tienda de autoservicio, y se habló de que la México correría la misma suerte, hubo voces de estupor e indignación. Una de ellas fue la de Chepo Reynoso, quien decía no entender cómo de un golpe se ponía fin a dos sitios con tanta historia, que les hace compartir el título de Catedral del boxeo.
Quienes nos enteramos de la "posibilidad" de que ambos anfiteatros fueran "sepultados", no pudimos evitar remitirnos a la sentida desaparición del Toreo de Cuatro Caminos, cuyo ring vivió incontables episodios épicos. A primer "golpe de memoria" vienen aquellas primeras dos volcánicas peleas entre Efrén "Alacrán" Torres y Chartchai Chionoi, o aquella en que Vicente Saldívar tocó el cielo al batir a Ultiminio Ramos, o "la noche de Rafael Herrera", cuando noqueó al ídolo Rubén Olivares.
Otro grande que pisó ese escenario fue JC Chávez. La primera vez, el 1 de enero de 1985, en función a beneficio de los damnificados por las explosiones de San Juan Ixhuatepec. Entonces despachó en tres vueltas al californiano Manny Hernández. Lo extraordinario es que fue un día de Año Nuevo, pero era un Julio que se estrenaba como campeón universal superpluma del WBC, tras vencer al "Azabache" Martínez en la Pelea Más Dramática de 1984 y en la que el sonorense apenas había cobrado el mejor sueldo de su entonces poco reconocida trayectoria.
JC regresó al extinto domo de Naucalpan en abril de 1992, ya como rey superliviano del WBC, para macerar durante cinco rounds al boricua Ángel "Pelayito" Hernández, en una velada en la que el japonés Akinobu Hiranaka, muy al estilo de su paisano de hoy, Nobuhiro Ishida (aplastó al ultrafavorito James Kirkland en menos de tres minutos), fulminó en un asalto al puertorriqueño Edwin "Chapo" Rosario para arrebatarle el trono superligero de la WBA.
Raúl "Ratón" Macías, un portento de amistad, me contaba que comenzó su carrera amateur como protagonista de "peleas de botana" -la gente les arrojaba monedas, como premio- en la Arena Coliseo, sin saber que llegaría a llenar "hasta el tope" ese escenario. (CONTINUARÁ)